domingo, 09 de octubre de 2005

El Muro Del Neofascismo

Voy a hacer una afirmación escandalosa: soy amigo de skinheads.
La película “Historia Americana: X” resume la percepción de lo que se le viene a uno a la mente cuando oye el término skinhead: un pandillero ultraviolento, ultraderechista, ultraxenófobo y ultracristiano blanco, alto y pobre. Los llamados neo-nazis.
Pues resulta que no.
La comunidad skinhead es un movimiento internacional que admite en sus filas a cualquiera de cualquier raza y credo pero con una condición: que sea miembro de la clase trabajadora; es decir, obrero o campesino. Es cierto que es mucho más notoria el ala racista, y yo mismo tenía ese erróneo concepto hasta que un día fui a un evento de rock ( de los llamados “tocadas” o “toquines”) que se realizó en Empalme en noviembre de 2001... organizado por skinheads mexicanos. Ahí aprendí que había skinheads de dos tipos, los racistas, llamados “boneheads” (que en inglés es además un insulto que significa algo así como “bruto”) y los demás, que los sobrepasan en número hasta en los países desarrollados como Estados Unidos en una proporción de 4 a 1 según un estimado de la página punkrocker.net.
Los skinheads tienen su origen sin embargo en una pandilla jamaicana, llamada los Rude Boys. Surgida en algún momento de la primera mitad de la década de 1960, eran el público natural del primer ska y de su derivado, el reggae y se trataba de muchachos pobres hijos de obreros y de los empleados de la enorme infraestructura turística jamaicana, y entre sus características estaba el lucir la cabeza rapada. Hacia 1967 hubo un éxodo de Rude Boys a Inglaterra, llevando consigo su música, su estilo y su organización como pandilla y ya allá influenciaron a los chicos de la clase baja blanca quienes formaron su propia pandilla en los barrios de Londres. La camaradería entre ambas pandillas fue un hecho hasta que se separó el ala racista (que según los skinheads, fue alentado por el Partido Conservador, de Margaret Tatcher). Tras dicha escisión, a los skinheads racistas se les llamó boneheads, como ya vimos, mientras que los demás se autodenominaron SHARP’s (acrónimo en inglés para Skin Heads Contra el Prejuicio Racial). Con el surgimiento del punk británico en 1976, éste quedó indeleblemente unido a los Cabezas Rapadas, y al punk skinhead desde entonces se le llama Oi!, y de ahí se esparcieron ambas alas al resto del mundo
Sin embargo, la imagen que predomina de un skinhead es la de “neonazi”, desde los energúmenos alemanes que en 1998, en pleno Mundial de Francia, golpearon salvajemente a un policía al grado de dejarle lesiones cerebrales permanentes hasta los descendientes de refugiados nazis en Argentina que se reúnen en su campamento permanente en la Plaza de Mayo de Buenos Aires. En Alemania los boneheads han prendido, sorprendentemente. Esto ha sido provocado por los problemas inherentes a la reunificación del país en 1989 tras la caída del Muro de Berlín. Los alemanes del Este, los que estaban bajo el dominio comunista soviético, han sufrido para integrarse a la vida económica germana entre otras cosas por tener una capacitación menor que sus primos occidentales, y los trabajos poco calificados están siendo ocupados por inmigrantes turcos. Es por eso que la ideología nacionalsocialista, que proclama la preferencia absoluta al nativo, ha calado hondo en la Alemania de la clase trabajadora.
Y en Estados Unidos.
Desde hace unos veinte años, ha ido creciendo un sentimiento xenófobo entre la población urbana blanca estadunidense, que se detonó tras aquel 11 de septiembre de 2001. Los por qué son muchos, no únicamente un supremacismo racial, pero he ahí el por qué de la aprobación, hace varios meses ya, del famoso y vilipendiado muro que se pretende construir para separar las fronteras mexicanas de las gringas (habrá que ver qué tanto se agandallan del Río Bravo). Por supuesto esto nos molesta al pueblo porque ya no podremos seguir mandando indocumentados y al Gobierno Federal porque representa un durísimo revés a sus pretenciones de un acuerdo migratorio con Washington. Sin embargo, esto no es sorprendente y en realidad me importa poco que los ricos quieran aislarse, sin embargo, es preocupante pensar que el principal ingreso de capital al país siga siendo los miles de millones de dólares que mandan los inmigrantes.
El propio Gobierno encabezado por George W. Bush ha mostrado la más clara vocación aislacionista al ignorar a las Naciones Unidas y hasta el Tratado de Bruselas en sus recientes y desastrosas aventuras militares al tiempo de enfrentarse con una Unión Europea cada vez más fortalecida económicamente.
Washington es en la actualidad el campeón en hipocresía. No vamos a profundizar en lo que todos sabemos, pero el actual Paladín del Libre Comercio estuvo la semana pasada con su “homólogo” ruso Vladimir Putin celebrando los sesenta años de la capitulación de la Alemania Nazi. Eso fue el colmo de la hipocresía.
Todos sabemos que el fascismo y el nacionalsocialismo fueron si no exactamente lo mismo, sí muy paralelos y avanzaban tomados de la mano. Bush Jr. Proclamaba orgulloso la victoria que su país obtuvo en la Segunda Guerra Mundial y sin embargo su gobierno está girando cada vez más hacia el fascismo, y sobran los ejemplos: la criminal Acta Patriota que prácticamente anula los derechos civiles de sus gobernados, la ley que protege a las multinacionales de demandas millonarias (y que de paso les permite violar alegremente regulaciones de calidad y ambientales), la tan mentada muralla fronteriza...
Pero es especialmente hipócrita habida cuenta la relación que han mantenido las familias de los actuales hombres fuertes (los Rumsfeld, Cheney, Wolfowitz, los propios Bush...) con transnacionales como Standard Oil, Chase Manhattan Bank, Ford, Union Banking Corporation (el presidente de este último Banco en esa época es el bisabuelo del actual presidente de EE.UU. ¡y financió a Hitler!) y otras, que colaboraron con el régimen nazi, material o económicamente, y además apoyados por el Gabinete Económico y de Hacienda de Theodore Roosevelt.
Hoy el rico Estados Unidos se distancia de su vecino pobre con un muro (que además de todo lo escandaloso que resulta como violación al derecho del libre translado servirá para enriquecer a los “coyotes” que no se dejarán vencer por una simple barda) que emula aquel que alzaron los vecinos de la colonia Satélite para separarlos de sus vecinos pobres, y si bien es justo recordar que entre los gringos hubo héroes que derrocaron un gobierno autoritario, xenófobo, genocida e imperialista, también tendremos que recordar a partir de ahora que los apoyos industriales de dicho sistema han importado a casa, por fin, su soñado gobierno autoritario, xenófobo, genocida e imperialista.

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