domingo, 25 de septiembre de 2005

El Último Jazz

Cuando a Joseph Ratzinger se rebautizó como Benedicto XVI en abril pasado, amplios sectores “progresistas” saltaron denunciando la pubertad del nuevo Papa dedicada a su asignación como soldad de las Juventudes Hitlerianas en su natal Alemania y a su posición de “fundamentalista” dentro del seno de la élite del Vaticano, y las perennes disputas entre ideólogos de “derecha” e “izquierda” se centraron en éstos temas, los primeros llorando al estilo sionista que “por qué la gente ataca a la religión y no respeta” y los segundos demostrando su pueril ignorancia pues Ratzinger no sólo huyó de sus labores de soldado sino que se unió a la resistencia francesa; sin embargo, ninguno se preocupó por aclarar dichos puntos, los católicos se persignaron temiendo a esos salvajes blasfemos y los “progres” siguieron exhibiendo su ignorancia, su falta de interés... o escondieron el dato, perversamente.
Dentro de los muchos, sabrosos y ya cotidianos escándalos en que se ha convertido el quehacer político nacional desde hace año y medio, el más ridículo ha sido el que causó Carlos Abascal con respecto a la famosa “píldora del día siguiente”; ridículo porque ignoraba o escondía perversamente el dato de que la píldora no es abortiva sino que impide la formación del feto, ridículo porque se lanzó a atacar una política pública que partió del mismo Gabinete al que ahora pertenece tras ser lanzado por las autoridades eclesiásticas, ridículo porque de esa manera se estrenó y se autodesautorizó como Secretario de Gobierno al exhibirse al servicio de la Iglesia y del Yunque y no como miembro del Gabinete de un Presidente que se proclama a sí mismo el más democrático y que gobierna para la gente. Me hubiera gustado ver la cara de Fox durante ese trance, ridículo porque anunció que se discutiría con la Secretaría de Salud su inclusión en la canasta básica médica cuando ya estaba incluída y no había posibles cambios ya. Sin duda, es parte de las políticas que debemos vigilar del próximo Gobierno.
A Abascal se le tachó de “fundamentalista”, arrastrados sus detractores por la moda Ratzinger pero que comenzó cuando se criticó fuertemente al actual gobierno estadunidense por sus posiciones ultraconservadoras, como desechar la Teoría de la Evolución mientras se entrega todo el sistema de asistencia social a privados, pero se equivocan: Abascal no es fundamentalista.
Umberto Eco hace la diferenciación claramente en un ensayo publicado en Francia: fundamentalista es todo aquel que interpreta la Biblia literalmente, incluyendo las hermosas mitologías hebreas incluidas en las primeras páginas (y que por cierto, y a la luz de lo que sabemos, si tomamos el Génesis y lo extrapolamos a lo que realmente pasó, tenemos una pasmosa alegoría de la Creación; los fundamentalistas subestiman e insultan a los escritores originales del Génesis); en el caso del catolicismo, la interpretación radica no en cómo lo lea el católico sino a través del Vaticano, ergo uno como católico no puede entender a su antojo la Biblia sino que debe de creer en lo que el Papa y su camarilla dicen qué es lo que quiere dar a entender el Libro.
Sin embargo, dentro del propio Vaticano hay varias corrientes de pensamiento, desde los de línea ultraconservadora, a la que perteneció Ratzinger hasta su papado y que es la que el propio Carlos Abascal, como la marioneta del Opus Dei que es, defiende, hasta progresistas como los casi extintos pensadores de la “Teología de la Liberación”... a la que Ratzinger contribuyó a crear en los lejanos sesenta (que por cierto, Benedicto XVI ha suavizado su postura desde que es papa). Por eso, por más conservador que sea el Secretario de Gobierno, defiende algo creado en la fuente de su credo, no en una comunidad cerrada que trata de captar adeptos.
No, fundamentalistas son Cheney y Condolezza Rice y George W. Bush, Jr. Y el Gobierno de Louisiana, que en vez de organizar una evacuación ordenada de New Orleáns pidió rezar para que Katrina bajara su intensidad, y que, en uno más de los crímenes que se comete a nombre de ese Crimen a la Humanidad que es el libre mercado, dejó a sus gobernados que se fueran como bien les fuera posible.
A la Casa Blanca le está lloviendo sobre mojado. George W. Bush descansaría seis semanas en su rancho de Crawford, Texas, pero el asunto Cindy Sheehan, la madre de un soldado muerto en Iraq que se apostó en las afueras del mismo para hablar con el Presidente y preguntarle el por qué es necesario que mueran casi 2,000 soldados gringos y casi 100,000 civiles iraquíes, todo en nombre de Halliburton, D.C., ya le había puesto en contra a la opinión pública; tardarse tres días en salir de Crawford para sobrevolar la devastada ciudad a orillas del Mississipi y declarar que “es una tragedia que no podía preveerse” ha sido la más desafortunada de las declaraciones de un tipo que se caracteriza por decir estupideces. Para los que no creen que tomar drogas y emborracharse consuetudinariamente afecta, Bush es el caso perfecto.
¿Que no pudo preveerse?
el periodista Joel K. Bourne Jr., en la edición de octubre de 2004 de la revista National Geographic publicó un cuento en el que se describía cómo el mar, que está a mayor altura que New Orleáns (igual que en Mexicali), se levantaba y arrasaba Louisiana; antes de eso, en agosto, en una editorial escribía que "Todavía no sucedió pero en la lista de la Agencia Federal de Gerenciamiento de Emergencias figura un huracán que devastará a Nueva Orleáns como una de las amenazas más trágicas a la Nación. Mucho más que una amenaza de terremoto en California o un ataque terrorista en New York. Incluso la Cruz Roja no abre más refugios para víctimas de huracanes en Nueva Orleáns debido al riesgo que significa para sus trabajadores". Y todavía más, posteriormente citó a un ingenierio hidráulico, Joe Suhayda, mismo que decía: “El asesino para Luisiana es una tormenta Categoría Tres, que tras 72 horas se convertirá en una Categoría Cuatro y luego en una Cinco, dirigiéndose hacia la peor dirección (...). Nuestra tecnología es buena cuando funciona. Pero cuando falla, pueden pasar cosas tremendas”.
Eso lo dijo un periodista importante de la muy conocida revista National Geographic.
En realidad New Orleáns fue dejada de la mano de Dios (literalmente) porque no era financieramente importante para las petroleras, Halliburton, Wall Street y sus pelagatos en la Casa Blanca el reforzar las represas del Río Mississipi, pero sí lo es enviar a jóvenes a morirse y matar en Iraq. Ésa es la realidad que Cindy Sheehan quiere que Bush admita.
Y mientras tanto, el Gobierno gringo, para ganarse simpatías, va a repartir tarjetas de débito con US Dlls $2,000, para todos los habitantes de New Orleáns, en la que quedan de 4,000 a 10,000 personas que serán evacuadas incluso a la fuerza por la milicia... probablemente repitiendo las imágenes de hace semanas de los asentamientos judíos en Palestina.
Pobre país, a ver si no les estalla el supervolcán que es en realidad el Parque Nacional Yellowstone, explosión prevista desde ya... y a ver si el Gobierno gringo sigue empeñado en censurar a Iran en lugar de atender las propias necesidades. Y si les estalla, será el colmo del cinismo ver a Jorgito “el Enano Mental” Arbusto declarar que “no se podía prever”.
New Orleáns, ciudad pobre como es, ha visto morir a miles, decenas de miles de sus hijos mientras las presas se rompen y las barreras naturales que son los pantanos que rodeaban a la ciudad han sido drenados. Como buenos fundamentalistas, los Gobiernos de Lousiana y del país del que es miembro dicho estado, gobierna para el neoliberalismo mientras, y parafraseo al periódico El País de España, trata de esconder el verdadero nombre de Katrina, en aras de la protección de las explotadoras de combustible fósil: Katrina es el sobrenombre de Calentamiento Global, de apellido Neoliberalismo.

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